AUTOENTREVISTA

Preguntas importantes para autores sin importancia

“Toda autorreferencia es autocoincidencia”

Esta es la primera de una serie de entrevistas que me realicé a mí mismo desde abril de 2018. Y va para largo…
¿Pero quién soy yo para opinar sobre estos temas? Me pregunté. Es más, ¿quién soy yo para no hacerlo? Me respondí. Eso me animó bastante: un buen saque y un buen revés ya anuncia un buen set.
Luego de acordar conmigo que bajo ningún aspecto abordaríamos temas demasiado trascendentes o polémicos, disparé despreocupadamente mi primera autopregunta, con la íntima convicción de no responderme, pero…

¿PERO CREÉS EN DIOS?

—Cada media hora creo en Dios. Después debo olvidar este concepto, necesariamente, hasta la siguiente media hora. Además, ¿por qué comienza la entrevista con la palabra “pero”? ¡Y encima me entretutea!!

¡EL PERO ES UNA PALABRA MAGNÍFICA! Y USTÉ NO ESTÁ ACÁ PARA INTERROGAR A NADIE. AHORA ESCUCHE. ¿Te gusta la poesía?

—Es una pregunta muy, casi o bastante estúpida, y la escucho muchas o bastantes veces. Te respondería con una mueca, un gesto… un emoji algo así como  (-/-) ! ¿mentendés? No digo que no sea una pregunta válida. Digo que muchas veces los que dicen “gustar de la poesía” no tienen ni idea sobre lo que están hablando. Yo mismo no la tengo. ¡Ni vos! Un poema te puede gustar, pero la poesía no. Claro, puedo equivocarme. ¡En esta posición ambigua soy tajante!

ENTONCES ¿el poeta es un escritor?

—¡Nunca debí aceptar una entrevista con usted! Eso es como el huevo o la gallina del acto de escribir. Algo parecido al tema de la poesía en sí mismo. Escucho es@s chic@s que dicen “A mí siempre me gustó escribir y ahora estamos haciendo esta revista ya escribí 12 poemas y voy a publicar mi primer libro” y cosas como esas… Enternece casi tanta inocencia. Y es valioso que los chicos apunten lejos y se animen e intenten. Las mejores partes de las obras se escriben en la juventud. También es necesario que sepamos que, seguramente, ese joven escritor que luego fue un vallejo, un eluard, un michaux, un borges, ese había leído centenares de libros había vivido internamente millones de horas de vida tomadas de sus lecturas había reflexionado… Dudo que a ellos les “gustase” escribir. Te puede gustar la torta de chocolate o una ensalada mixta, esto es otra cosa…

CREO QUE EXAGERA, ¿no lo cree usted?

—Cállese y escuche. Continúo. Lo malo es entonces que esos chicos se enamoren de sus propias palabras y no discriminen su voz, su necesidad de expresarse, que dejen de lado su conciencia crítica: si la tienen son escritores, si no, apenas están comenzando la vida. Y el 99 percent terminamos siendo el escritorzuelo provinciano peleando por un pedacito de crónica cultural en el diario local, o en la antología pagada para calmar la propia vanidad o justo amor propio por qué no, o el puestito de la dirección municipal de cultura… ¡los más exitosos! Y peleando a muerte con l@s competidores locales sacando miserias y traiciones “a la carta”. Me duele mi propia ironía amarga, ya que me negué a aceptar o dar esa pelea y aún así sufrí los ataques…

LO DE ESCRITORZUELO LO DIRÁ POR USTÉ. A mí no me meta en sus complejos…

—Ignoraré su presencia. Sigo, si me deja.

Un pecado de la juventud (que puede ser valioso en el sentido de rebelarse y cuestionar) es creer saberlo todo. Muchos, sin embargo, crecen y jamás pierden esa condición: los necios de siempre.

Sin embargo, en el caso de jóvenes escritores, tiernos aprendices, la advertencia se corresponde con que un oficio requiere el conocimiento y dominio de las herramientas, una experticia que se logra con el tiempo. No hace falta tener 80 años para lograrla, claro. Pero tal vez unos 6, 7, 8  años de lecturas intensas y prácticas constantes puedan ser suficientes para un buen inicio. Y leer de todo, psicología economía ciencias duras historia filosofía historia medicina historia biología… algo más de historia… algún idioma aparte del propio si lo conocés bien, mitologías diversas mucha poesía y mucha ficción… con eso puede alcanzar para empezar. Aquí tengo este lindo epígrafe, cita o extracto. Mire:

CORNELIUS CASTORIADIS Ventana al caos © FCE

“El periodismo contemporáneo inventa cada trimestre un nuevo genio y una nueva “revolución” en tal o cual campo.

Son esfuerzos comerciales eficaces para que funcione la industria cultural, pero incapaces de ocultar el hecho flagrante: en una primera aproximación, la cultura contemporánea es inexistente. Cuando una época no tiene grandes hombres, los inventa. ¿Qué otra cosa ocurre actualmente en los diferentes campos del “espíritu”? Se pretende hacer revoluciones copiando e imitando mediocremente -también por medio de la ignorancia de un público hipercivilizado y neoanalfabeto-.”

¿LEYÓ TODA LA OBRA DE CASTORIADIS?

—¿Eh??? Nada. 12 páginas en un pdf. Un genio ese tipo!

DOCE PÁGINAS PARA RECONOCER A UN GENIO…

—Bueno bueno no nos vayamos por las ramas, que vamos a terminar a las monadas y su sorna no le sale muy bien… ¿Tiene hora…?

NO SE VAYA TODAVÍA. DIGAMÉ, entonces ¿qué es la poesía?

—La poesía es el lugar donde encuentro más respuestas que en la ciencia y la religión. Entendiendo por ciencia a las preguntas sobre las cosas tangibles e intangibles del mundo, y a la religión como la forma de responder a esas preguntas desde una posición cómoda… como en este sillón, por ejemplo.

¿NO LE PARECE MUCHO?… ¿Y la religión tiene alguna cabida en su bida… perdón… “vida”?

—Me encantó una idea que escuché, que cuando Marx escribe que la religión es el opio de los pueblos (seguramente no lo escribió de ese modo) etcétera, en el contexto en que lo hace establecía al opio como algo que calmaba un dolor, como un calmante. No soy enemigo de las religiones, lo que a nadie le importaría demasiado. Pero no deja de sorprenderme la liviandad con que las personas aceptamos ideas y preceptos, hasta obligaciones que nos involucran de manera profunda, sin tener la más mínima base lógica, argumental y hasta ética o moral a veces. Pasa mucho más aún con creencias místicas o pseudopsicológicas o pseudocientíficas. Me sale un párrafo de Stig Dagerman: “nuestra necesidad de consuelo es insaciable”.

VEO EN SU OBRA (de algún modo ha de llamarse) que le fascinan los epígrafes…

—Déjeme que le diga: ¡lo más importante de mi obra (!) son los epígrafes! Y es la constancia de mis obsesiones y de mis lecturas. No amo lo que escribo pero amo lo que leo, muchas veces…
En mis textos, si a usted no le gustan los epígrafes que puse, ya directamente queda liberado de seguir leyendo, lo que es una muestra de honestidad intelectual envidiable de mi parte ¿no le parece?  A veces escribo el epígrafe de memoria, pero después busco y corrijo. Pero muchas veces me lleva mucho más tiempo encontrar dónde estaba la cita que recordar cómo iba… A veces los libros están muy lejos del lugar donde escribo, pero gracias a Wells existe la ínternet.

EN CUANTO A CITAR LIBROS, ¿algún libro preferido?

—No. No tengo un libro preferido, lo que implicaría elegir a unos sobre otros. Tengo muchos preferidos, una relación en verdad promiscua con los textos. Aunque creo que cada uno tiene sus momentos y sus circunstancias. Es más: algunos fundan su importancia en mantenerse ahí al acecho, esperando a lanzarse sobre nosotros, que intentamos esquivar el momento de leerlos… Claro que, a la clásica pregunta ¿Qué libro llevarías a una isla desierta…?

¡OIGA, ESA PARTE ME CORRESPONDE A MÍ! ¿Quién está haciendo esta entrevista?

—La verdad, no sé…

BUENO, DECÍA, ¿qué libro te llevarías a una isla desierta…?

—Sin la menor duda: 33 a 44 volúmenes de la enciclopedia británica, los que permita la balsa de náufrago. Seguramente harían mucha falta para hacer unas buenas fogatas… A propósito, hay una película excelente donde -¡qué idea original!- un tipo cae en una isla desierta en un avión, de fedEx, y eso me hizo pensar profundamente… ¡Wilson! Había una pelota que se llamaba Wilson… como ese presidente yanqui amante del ku-kux-klan. ¿Usted cree en las coincidencias en el cine? ¡No sea ingenuo!

 

PARTE 1 – FIN

Próxima entrega:

PARTE 2 – Las autoentrevistas las realizo en la ducha.

©2018, hugo amicone & hugo amicone, ambos.

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