451

Fahrenheit 451

Novela de Ray Bradbury, publicada en 1953.

Cuatrocientos cincuenta y un grados Fahrenheit (451°F ó 233°C ) es la temperatura a la que se quema el papel.

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En un futuro distópico, siglo XXIV , con una sociedad adormecida y dominada por un Estado onmipresente, la gente vive sin conciencia de vivir, drogada, ignorante y entretenida en pantallas. La velocidad es una norma de vida, la urgencia de lo inútil. Este futuro ya se parece a un presente…

La función de los cuerpos de bomberos es incinerar todo libro que se encuentre y todo el que tiene en su poder un libro es un terrorista perseguido por el Estado.

Montag es un bombero que comienza a pensar. Comienza a ser peligroso…

Transcribo algunos párrafos. Creo que quien no leyó este libro puede comenzar a interesarse por buscarlo. Existe on-line, en inglés y en castellano.

Sólo había la muchacha andando a su lado, con su rostro que brillaba como la nieve al claro de luna, y Montag comprendió que estaba meditando las preguntas que él le había formulado, buscando las mejores respuestas.

­–Bueno –dijo ella por fin-, tengo diecisiete años y estoy loca. Mi tío dice que ambas cosas van siempre juntas.

[…]

– […] A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el Metro. O en las cafeterías. Y, ¿sabe qué?

-¿Qué?

-La gente no habla de nada.

-¡Oh, de algo hablarán!

-No, de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original.

[…]

-Imaginalo. El hombre del siglo XIX con sus caballos, sus perros, sus coches, sus lentos desplazamientos. Luego, en el siglo XX, acelera la cámara. Los libros, más breves, condensaciones. Resúmenes. Todo se reduce a la anécdota, al final brusco.

-Brusco final –dijo Mildred asintiendo.

-Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario.

[…]

-Los años de Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y tuercas?

[…]

-Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos y menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio.

[…]

¿Los funerales son tristes y paganos? Eliminémoslos también. (…) No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos. Olvidémoslos. Quemémoslo todo, absolutamente todo.

[…]

“Alguien, en algún sitio, me devolverá el viejo rostro y las viejas manos tal como habían sido. Incluso la sonrisa –pensó-, la vieja y profunda sonrisa que ha desaparecido. Sin ella, estoy perdido.”

[…]

-[…]  Así pues, he pensado que los libros podrían servir de ayuda.

-Es usted un romántico sin esperanza –dijo Faber-. (…) Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para nosotros.

[…]

Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos. Son la guardia pretoriana de César, susurrando mientras tiene lugar el desfile por la avenida: «Recuerda, César, que eres mortal.»

[…]

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